Vida familiar

¿Qué provoca la pena, la ansiedad, el miedo, la rabia y la irritabilidad de quienes acompañan?

·Por Ps. Catalina Camus Soruco·3 min de lectura
¿Qué provoca la pena, la ansiedad, el miedo, la rabia y la irritabilidad de quienes acompañan?
¿Qué provoca la pena, la ansiedad, el miedo, la rabia y la irritabilidad de quienes acompañan?

Cuando una familia atraviesa una situación difícil, como una enfermedad grave, una depresión importante o alguna gran dificultad psicológica de alguno de los miembros de la familia, es natural que gran parte de la atención se concentre en quien está enfermo.

Pero la enfermedad permea a cada uno de los miembros de la familia.

Los padres intentan acompañar, cuidar y encontrar la manera de ayudar, mientras siguen trabajando, pagando tratamientos y sosteniendo la vida cotidiana. Muchas veces, hacen todo lo posible para que la familia siga funcionando, incluso cuando ellos mismos están extenuados.

Pero ¿qué pasa con ellos? ¿Qué espacio tienen para reconocer y expresar sus propios miedos, su angustia o su cansancio? ¿Y qué pasa con los hermanos, que también están viviendo esta situación, aunque a veces parezca que están bien?

No hay nada negativo en que una familia concentre sus esfuerzos en quien más lo necesita. Frente a una dificultad tan grande, es comprensible que otras necesidades queden temporalmente en segundo plano. Sin embargo, esto no significa que desaparezcan.

A veces, los padres están tan preocupados por cuidar al hijo con mayores dificultades, que no encuentran tiempo para preguntarse cómo están ellos mismos y cómo están sus otros hijos.

Los hermanos, por su parte, pueden intentar no dar más problemas o guardar sus preocupaciones para no sumar otra carga a la familia, pero el malestar puede ir acumulándose y aparecer de otras maneras: la pena puede disfrazarse de rabia, el miedo de irritabilidad y la angustia puede verse como dificultades en el colegio o en las relaciones con los demás.

No siempre nos resulta fácil mirar a todos al mismo tiempo. Vivimos en una sociedad que exige a los padres responder a muchas responsabilidades y que, además, suele juzgarlos con dureza. ¿Cómo se puede acompañar a un hijo que está atravesando una enfermedad grave, sostener económicamente los tratamientos, seguir trabajando y, al mismo tiempo, estar atentos a las necesidades de los demás hijos y a las propias? Muchas veces, simplemente, no hay suficiente tiempo, energía ni espacio para hacerlo todo.

La terapia familiar sistémica nos invita a mirar no solo a quien está atravesando la enfermedad o la dificultad, sino también a comprender cómo esta situación afecta al resto de la familia (padres y hermanos).

No se trata de quitarle importancia a quien está sufriendo más dentro de la familia, sino de ampliar la mirada hacia el resto de los integrantes. De esta manera buscamos que los padres, los hermanos y quienes cumplen un rol de cuidador también puedan ser escuchados y recibir apoyo.

A veces, cuando aparecen dificultades que parecen no tener una explicación clara, necesitamos detenernos a mirar la historia y el contexto familiar de quienes asumen este rol de cuidado dentro de la familia. ¿Qué está viviendo esta persona? ¿Qué lugar ha tenido su propio sufrimiento dentro de la familia? ¿Cuánto espacio ha tenido para expresar lo que siente?

El mundo en el que vivimos, en ocasiones, nos hace olvidar que quienes acompañan, también necesitan ser acompañados. Y comprender lo que les está pasando no significa descuidar a quien está enfermo, sino reconocer que una situación difícil puede afectar a cada integrante de la familia de una manera diferente.

Quizás, para comprender por qué alguien está tan ansioso, irritable, triste o enojado, también necesitamos mirar lo que ha estado viviendo y cuánto espacio ha tenido para expresar sus emociones. A veces, el primer paso es dar un lugar físico y emocional a quienes han estado sosteniendo la situación y a la persona enferma.

Porque en una familia que está sufriendo, no se trata de elegir a quién cuidar, sino de encontrar espacios para que todos puedan ser vistos, comprendidos y acompañados.

Ps. Catalina Camus Soruco · Psicóloga infantil y adolescente · Terapeuta familiar sistémica

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