Duelo

¿Cómo acompañar a una familia en duelo?
No existe una manera perfecta de hacerlo, ni tampoco una receta de cocina que nos diga el paso a paso de cómo acompañar a alguien que ha perdido a un ser muy querido.
Creo que lo más importante es respetar… respetar los tiempos y necesidades de cada uno. Tratar de entender que el duelo no es lineal y que a veces, cuando estamos transitando en el dolor, necesitamos un tipo de ayuda y otro día, puede que necesitemos un tipo de ayuda distinta. O, simplemente descansar, no ver a nadie, solo descansar.
Es fundamental tener en cuenta que cada uno de nosotros procesa sus emociones de una forma diferente. Comprender que la persona que perdió a alguien es distinta a nosotros mismos y, por esa misma razón, el tipo de acompañamiento que necesita no es el mismo que hemos necesitado nosotros o, que creemos necesitar ante una pérdida.
Lo primero: atreverse a preguntar. ¿Necesitas que te acompañe? ¿Prefieres estar sola/a? ¿Necesitas estar solamente con tu familia? ¿Quieres estar acostado y que vaya a hacer aseo, cocinar, lavar la ropa? No dar por hecho que lo que necesitan es compañía.
También: evitar comentarios como, por ejemplo “ahora tienes un angelito que te está cuidando”... generalmente, nadie quiere tener un angelito. Cuando hemos vivido la dolorosa muerte de alguien tan cercano, queremos tenerlo acá, vivo, con nosotros. Muchas veces, cuando no sabemos qué decir, un abrazo o el silencio es mejor que cualquier comentario.
Por último: no comparar. Intentar no acompañar desde la comparación del dolor del otro con el propio. Puede ayudar el contar qué ha sido lo que a uno le ha servido para ir transitando en el dolor, pero, siempre entendiendo que no necesariamente eso le servirá a la otra persona.
Respetar, respetar y aceptar a la persona en duelo con todas sus emociones. La pena, la rabia, la culpa, la negación, la alegría, el alivio, la vergüenza, la soledad, la incertidumbre, la incomprensión… o cualquiera de estas y tantas emociones disfrazadas unas de otras, que aparecen y desaparecen a ratos, cambian, van y vuelven.
El duelo no tiene etapas lineales, ni tampoco tiene una duración. El duelo es personal, único y cada uno va transitando en el dolor de la única forma que puede hacerlo… y eso, no debemos criticarlo jamás.

Ps. Catalina Camus Soruco · Psicóloga infantil y adolescente · Terapeuta familiar sistémica